Ni sentimientos, ni ideas: la música impresionista buscaba sugerir y pintar ambientes y paisajes sonoros.
Para ello abandonan las formas y estructuras clásicas, la armonía clásica, la uniformidad del ritmo y las orquestaciones convencionales.
Todo se vuelve vago, intuído, impreciso.
Las melodías surgen y desaparecen evitando formas cerradas,
la armonía tonal se difumina con el empleo de sonoridades orientales, exóticas, con 4as y 5as medievales,
con disonancias sin preparación ni resolución,
el ritmo es cambiante y ambiguo,
y lo más importante: el timbre adquiere el protagonismo. Los compositores van a tratar de crear sonoridades nuevas, sugerentes...pintan con el timbre, con el color del sonido.
Claude Debussy abandera esta nueva música, y tiene algunos seguidores como Ravel. Maurice Ravel no es un impresionista neto, pero su dominio de la orquestación y algunas obras claramente impresionistas lo situan en esta línea compositiva.
Debussy: La Mer; Prélude à l'après-midi /
Ravel: Bolero / Daphnis Et Chloë
